Un circuito de diseño entre continentes
Durante el período Edo (1603–1868), los compradores japoneses se apasionaron por los vistosos algodones estampados de India conocidos como sarasa, pero sus elevados costes de importación los convertían en un lujo exclusivo. En vez de resignarse a esos precios, los artesanos locales idearon sus propias versiones mediante pintura a mano, bloques de madera y plantillas de papel para reproducir en casa aquellos motivos coloridos. Los textiles resultantes recibieron el nombre de wa-sarasa.
El diálogo estético no tardó en hacerse bidireccional. Los artesanos indios comenzaron a producir telas especiales con motivos japoneses, mientras los tintoreros japoneses desarrollaban la técnica hasta crear un lenguaje visual enteramente propio.
Cuando los amantes del diseño buscan un wa-sarasa poco común, ¿compran simplemente un algodón vintage estampado o adquieren un testimonio físico de uno de los primeros grandes ciclos de intercambio global del diseño?